El hecho de que Jesús diera gracias por el pan y los peces nos recuerda que todo lo que tenemos proviene de Dios. Debemos tener un corazón agradecido por todo en nuestra vida.
30. Y los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. 31. Y él les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, …
Hoy el mensaje nos recuerda, a través del milagro de los cinco panes y dos peces, que todo lo que hemos recibido es gracia de Dios y que debemos vivir una vida de agradecimiento. Jesús tomó el pan y el pescado de un niño en sus manos, miró al cielo y ofreció una oración de agradecimiento. Esto nos recuerda que no debemos olvidar que todo lo que tenemos proviene de Dios, y que debemos vivir compartiendo y agradeciendo por esa gracia. Espero que en nuestra vida cotidiana recordemos el suministro de Dios y vivamos con un corazón agradecido.
- Marcos 6:30-44 30. Y los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. 31. Y él les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, que ni aun tenían lugar de comer. 32. Y se fueron en un barco al lugar desierto aparte. 33. Y los vieron ir muchos, y le conocieron; y concurrieron allá muchos á pie de las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron á él. 34. Y saliendo Jesús vió grande multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y les comenzó á enseñar muchas cosas. 35. Y como ya fuese el día muy entrado, sus discípulos llegaron á él, diciendo: El lugar es desierto, y el día ya muy entrado; 36. Envíalos para que vayan á los cortijos y aldeas de alrededor, y compren para sí pan; porque no tienen qué comer. 37. Y respondiendo él, les dijo: Dadles de comer vosotros. Y le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? 38. Y él les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Id, y vedlo. Y sabiéndolo, dijeron: Cinco, y dos peces. 39. Y les mandó que hiciesen recostar á todos por partidas sobre la hierba verde. 40. Y se recostaron por partidas, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. 41. Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y partió los panes, y dió á sus discípulos para que los pusiesen delante: y repartió á todos los dos peces. 42. Y comieron todos, y se hartaron. 43. Y alzaron de los pedazos doce cofines llenos, y de los peces. 44. Y los que comieron eran cinco mil hombres.
- Marcos 6:30 30. Y los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado.
- Marcos 6:41 41. Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y partió los panes, y dió á sus discípulos para que los pusiesen delante: y repartió á todos los dos peces.
- Salmos 104 1. BENDICE, alma mía, á Jehová. Jehová, Dios mío, mucho te has engrandecido; haste vestido de gloria y de magnificencia. 2. El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina; 3. Que establece sus aposentos entre las aguas; el que pone las nubes por su carroza, el que anda sobre las alas del viento; 4. El que hace á sus ángeles espíritus, sus ministros al fuego flameante. 5. El fundó la tierra sobre sus basas; no será jamás removida. 6. Con el abismo, como con vestido, la cubriste; sobre los montes estaban las aguas. 7. A tu reprensión huyeron; al sonido de tu trueno se apresuraron; 8. Subieron los montes, descendieron los valles, al lugar que tú les fundaste. 9. Pusísteles término, el cual no traspasarán; ni volverán á cubrir la tierra. 10. Tú eres el que envías las fuentes por los arroyos; van entre los montes. 11. Abrevan á todas las bestias del campo: quebrantan su sed los asnos montaraces. 12. Junto á aquellos habitarán las aves de los cielos; entre las ramas dan voces. 13. El que riega los montes desde sus aposentos: del fruto de sus obras se sacia la tierra. 14. El que hace producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre; sacando el pan de la tierra. 15. Y el vino que alegra el corazón del hombre, y el aceite que hace lucir el rostro, y el pan que sustenta el corazón del hombre. 16. Llénanse de jugo los árboles de Jehová, los cedros del Líbano que él plantó. 17. Allí anidan las aves; en las hayas hace su casa la cigüeña. 18. Los montes altos para las cabras monteses; las peñas, madrigueras para los conejos. 19. Hizo la luna para los tiempos: el sol conoce su ocaso. 20. Pone las tinieblas, y es la noche: en ella corretean todas las bestias de la selva. 21. Los leoncillos braman á la presa, y para buscar de Dios su comida. 22. Sale el sol, recógense, y échanse en sus cuevas. 23. Sale el hombre á su hacienda, y á su labranza hasta la tarde. 24. ¡Cuán muchas son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría: la tierra está llena de tus beneficios. 25. Asimismo esta gran mar y ancha de términos: en ella pescados sin número, animales pequeños y grandes. 26. Allí andan navíos; allí este leviathán que hiciste para que jugase en ella. 27. Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida á su tiempo. 28. Les das, recogen; abres tu mano, hártanse de bien. 29. Escondes tu rostro, túrbanse: les quitas el espíritu, dejan de ser, y tórnanse en su polvo. 30. Envías tu espíritu, críanse: y renuevas la haz de la tierra. 31. Sea la gloria de Jehová para siempre; alégrese Jehová en sus obras; 32. El cual mira á la tierra, y ella tiembla; toca los montes, y humean. 33. A Jehová cantaré en mi vida: á mi Dios salmearé mientras viviere. 34. Serme ha suave hablar de él: yo me alegraré en Jehová. 35. Sean consumidos de la tierra los pecadores, y los impíos dejen de ser. Bendice, alma mía, á Jehová. Aleluya.
- 시편 145편
- 1 Crónicas 29 1. DESPUÉS dijo el rey David á toda la asamblea: A solo Salomón mi hijo ha elegido Dios; él es joven y tierno, y la obra grande; porque la casa no es para hombre, sino para Jehová Dios. 2. Yo empero con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y metal para las de metal, y hierro para las de hierro, y madera para las de madera, y piedras oniquinas, y piedras preciosas, y piedras negras, y piedras de diversos colores, y toda suerte de piedras preciosas, y piedras de mármol en abundancia. 3. A más de esto, por cuanto tengo mi gusto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he aprestado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios; 4. A saber, tres mil talentos de oro, de oro de Ophir, y siete mil talentos de plata afinada para cubrir las paredes de las casas: 5. Oro pues para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y para toda la obra de manos de los oficiales. ¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda á Jehová? 6. Entonces los príncipes de las familias, y los príncipes de las tribus de Israel, tribunos y centuriones, con los superintendentes de la hacienda del rey, ofrecieron de su voluntad; 7. Y dieron para el servicio de la casa de Dios cinco mil talentos de oro y diez mil sueldos, y diez mil talentos de plata, y dieciocho mil talentos de metal, y cinco mil talentos de hierro. 8. Y todo el que se halló con piedras preciosas, diólas para el tesoro de la casa de Jehová, en mano de Jehiel Gersonita. 9. Y holgóse el pueblo de haber contribuído de su voluntad; porque con entero corazón ofrecieron á Jehová voluntariamente. 10. Asimismo holgóse mucho el rey David, y bendijo á Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, de uno á otro siglo. 11. Tuya es, oh Jehová, la magnificencia, y el poder, y la gloria, la victoria, y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y la altura sobre todos los que están por cabeza. 12. Las riquezas y la gloria están delante de ti, y tú señoreas á todos: y en tu mano está la potencia y la fortaleza, y en tu mano la grandeza y fuerza de todas las cosas. 13. Ahora pues, Dios nuestro, nosotros te confesamos, y loamos tu glorioso nombre. 14. Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer de nuestra voluntad cosas semejantes? porque todo es tuyo, y lo recibido de tu mano te damos. 15. Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días cual sombra sobre la tierra, y no dan espera. 16. Oh Jehová Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos aprestado para edificar casa á tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo. 17. Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada: por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, que aquí se ha hallado ahora, ha dado para ti espontáneamente. 18. Jehová, Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón á ti. 19. Asimismo da á mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho el apresto. 20. Después dijo David á toda la congregación: Bendecid ahora á Jehová vuestro Dios. Entonces toda la congregación bendijo á Jehová Dios de sus padres, é inclinándose adoraron delante de Jehová, y del rey. 21. Y sacrificaron víctimas á Jehová, y ofrecieron á Jehová holocaustos el día siguiente, mil becerros, mil carneros, mil corderos con sus libaciones, y muchos sacrificios por todo Israel. 22. Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron la segunda vez la investidura del reino á Salomón hijo de David, y ungiéronlo á Jehová por príncipe, y á Sadoc por sacerdote. 23. Y sentóse Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fué prosperado; y obedecióle todo Israel. 24. Y todos los príncipes y poderosos, y todos los hijos del rey David, prestaron homenaje al rey Salomón. 25. Y Jehová engrandeció en extremo á Salomón á los ojos de todo Israel, y dióle gloria del reino, cual ningún rey la tuvo antes de él en Israel. 26. Así reinó David hijo de Isaí sobre todo Israel. 27. Y el tiempo que reinó sobre Israel fué cuarenta años. Siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres reinó en Jerusalem. 28. Y murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas, y de gloria: y reinó en su lugar Salomón su hijo. 29. Y los hechos del rey David, primeros y postreros, están escritos en el libro de las crónicas de Samuel vidente, y en las crónicas del profeta Nathán, y en las crónicas de Gad vidente, 30. Con todo lo relativo á su reinado, y su poder, y los tiempos que pasaron sobre él, y sobre Israel, y sobre todos los reinos de aquellas tierras.
- Éxodo 16 1. Y PARTIENDO de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, á los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. 2. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; 3. Y decíanles los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos á las ollas de las carnes, cuando comíamos pan en hartura; pues nos habéis sacado á este desierto, para matar de hambre á toda esta multitud. 4. Y Jehová dijo á Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y cogerá para cada un día, para que yo le pruebe si anda en mi ley, ó no. 5. Mas al sexto día aparejarán lo que han de encerrar, que será el doble de lo que solían coger cada día. 6. Entonces dijo Moisés y Aarón á todos los hijos de Israel: A la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto: 7. Y á la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; que nosotros, ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros? 8. Y dijo Moisés: Jehová os dará á la tarde carne para comer, y á la mañana pan en hartura; por cuanto Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él: que nosotros, ¿qué somos? vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová. 9. Y dijo Moisés á Aarón: Di á toda la congregación de los hijos de Israel: Acercaos á la presencia de Jehová; que él ha oído vuestras murmuraciones. 10. Y hablando Aarón á toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová, que apareció en la nube. 11. Y Jehová habló á Moisés, diciendo: 12. Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Entre las dos tardes comeréis carne, y por la mañana os hartaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios. 13. Y venida la tarde subieron codornices que cubrieron el real; y á la mañana descendió rocío en derredor del real. 14. Y como el rocío cesó de descender, he aquí sobre la haz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una helada sobre la tierra. 15. Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos á otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer. 16. Esto es lo que Jehová ha mandado: cogeréis de él cada uno según pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda. 17. Y los hijos de Israel lo hicieron así: y recogieron unos más, otros menos: 18. Y medíanlo por gomer, y no sobraba al que había recogido mucho, ni faltaba al que había recogido poco: cada uno recogió conforme á lo que había de comer. 19. Y díjoles Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana. 20. Mas ellos no obedecieron á Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y pudrióse; y enojóse contra ellos Moisés. 21. Y recogíanlo cada mañana, cada uno según lo que había de comer: y luego que el sol calentaba, derretíase. 22. En el sexto día recogieron doblada comida, dos gomeres para cada uno: y todos los príncipes de la congregación vinieron á Moisés, y se lo hicieron saber. 23. Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo sábado, el reposo de Jehová: lo que hubiereis de cocer, cocedlo hoy, y lo que hubiereis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana. 24. Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según que Moisés había mandado, y no se pudrió, ni hubo en él gusano. 25. Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es sábado de Jehová: hoy no hallaréis en el campo. 26. En los seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es sábado, en el cual no se hallará. 27. Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día á recoger, y no hallaron. 28. Y Jehová dijo á Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? 29. Mirad que Jehová os dió el sábado, y por eso os da en el sexto día pan para dos días. Estése, pues, cada uno en su estancia, y nadie salga de su lugar en el séptimo día. 30. Así el pueblo reposó el séptimo día. 31. Y la casa de Israel lo llamó Maná; y era como simiente de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel. 32. Y dijo Moisés: Esto es lo que Jehová ha mandado: Henchirás un gomer de él para que se guarde para vuestros descendientes, á fin de que vean el pan que yo os dí á comer en el desierto, cuando yo os saqué de la tierra de Egipto. 33. Y dijo Moisés á Aarón: Toma un vaso, y pon en él un gomer lleno de maná, y ponlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes. 34. Y Aarón lo puso delante del Testimonio para guardarlo, como Jehová lo mandó á Moisés. 35. Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que entraron en la tierra habitada: maná comieron hasta que llegaron al término de la tierra de Canaán. 36. Y un gomer es la décima parte del epha.
- Números 11 1. Y ACONTECIÓ que el pueblo se quejó á oídos de Jehová: y oyólo Jehová, y enardecióse su furor, y encendióse en ellos fuego de Jehová y consumió el un cabo del campo. 2. Entonces el pueblo dió voces á Moisés, y Moisés oró á Jehová, y soterróse el fuego. 3. Y llamó á aquel lugar Taberah; porque el fuego de Jehová se encendió en ellos. 4. Y el vulgo que había en medio tuvo un vivo deseo, y volvieron, y aun lloraron los hijos de Israel, y dijeron: ¡Quién nos diera á comer carne! 5. Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los cohombros, y de los melones, y de los puerros, y de las cebollas, y de los ajos: 6. Y ahora nuestra alma se seca; que nada sino maná ven nuestros ojos. 7. Y era el maná como semilla de culantro, y su color como color de bdelio. 8. Derramábase el pueblo, y recogían, y molían en molinos, ó majaban en morteros, y lo cocían en caldera, ó hacían de él tortas: y su sabor era como sabor de aceite nuevo. 9. Y cuando descendía el rocío sobre el real de noche, el maná descendía de sobre él. 10. Y oyó Moisés al pueblo, que lloraba por sus familias, cada uno á la puerta de su tienda: y el furor de Jehová se encendió en gran manera; también pareció mal á Moisés. 11. Y dijo Moisés á Jehová: ¿Por qué has hecho mal á tu siervo? ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? 12. ¿Concebí yo á todo este pueblo? ¿engendrélo yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, á la tierra de la cual juraste á sus padres? 13. ¿De dónde tengo yo carne para dar á todo este pueblo? porque lloran á mí, diciendo: Danos carne que comamos. 14. No puedo yo solo soportar á todo este pueblo, que me es pesado en demasía. 15. Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal. 16. Entonces Jehová dijo á Moisés: Júntame setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos á la puerta del tabernáculo del testimonio, y esperen allí contigo. 17. Y yo descenderé y hablaré allí contigo; y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo. 18. Empero dirás al pueblo: Santificaos para mañana, y comeréis carne: pues que habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo: ¡Quién nos diera á comer carne! ¡cierto mejor nos iba en Egipto! Jehová, pues, os dará carne, y comeréis. 19. No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días; 20. Sino hasta un mes de tiempo, hasta que os salga por las narices, y os sea en aborrecimiento: por cuanto menospreciasteis á Jehová que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto? 21. Entonces dijo Moisés: Seiscientos mil de á pie es el pueblo en medio del cual yo estoy; y tú dices: Les daré carne, y comerán el tiempo de un mes. 22. ¿Se han de degollar para ellos ovejas y bueyes que les basten? ¿ó se juntarán para ellos todos los peces de la mar para que tengan abasto? 23. Entonces Jehová respondió á Moisés: ¿Hase acortado la mano de Jehová? ahora verás si te sucede mi dicho, ó no. 24. Y salió Moisés, y dijo al pueblo las palabras de Jehová: y juntó los setenta varones de los ancianos del pueblo, é hízolos estar alrededor del tabernáculo. 25. Entonces Jehová descendió en la nube, y hablóle; y tomó del espíritu que estaba en él, y púsolo en los setenta varones ancianos; y fué que, cuando posó sobre ellos el espíritu, profetizaron, y no cesaron. 26. Y habían quedado en el campo dos varones, llamado el uno Eldad y el otro Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu: estaban estos entre los escritos, mas no habían salido al tabernáculo; y profetizaron en el campo. 27. Y corrió un mozo, y dió aviso á Moisés, y dijo: Eldad y Medad profetizan en el campo. 28. Entonces respondió Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, uno de sus mancebos, y dijo: Señor mío Moisés, impídelos. 29. Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? mas ojalá que todo el pueblo de Jehová fuesen profetas, que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos. 30. Y recogióse Moisés al campo, él y los ancianos de Israel. 31. Y salió un viento de Jehová, y trajo codornices de la mar, y dejólas sobre el real, un día de camino de la una parte, y un día de camino de la otra, en derredor del campo, y casi dos codos sobre la haz de la tierra. 32. Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día, y toda la noche, y todo el día siguiente, y recogiéronse codornices: el que menos, recogió diez montones; y las tendieron para sí á lo largo en derredor del campo. 33. Aun estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese mascada, cuando el furor de Jehová se encendió en el pueblo, é hirió Jehová al pueblo con una muy grande plaga. 34. Y llamó el nombre de aquel lugar Kibroth-hattaavah, por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso. 35. De Kibroth-hattaavah movió el pueblo á Haseroth, y pararon en Haseroth.
- Marcos 14:22 22. Y estando ellos comiendo, tomó Jesús pan, y bendiciendo, partió y les dió, y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo.
- Juan 6 1. PASADAS estas cosas, fuése Jesús de la otra parte de la mar de Galilea, que es de Tiberias. 2. Y seguíale grande multitud, porque veían sus señales que hacía en los enfermos. 3. Y subió Jesús á un monte, y se sentó allí con sus discípulos. 4. Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos. 5. Y como alzó Jesús los ojos, y vió que había venido á él grande multitud, dice á Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? 6. Mas esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. 7. Respondióle Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco. 8. Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro: 9. Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos? 10. Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar: y recostáronse como número de cinco mil varones. 11. Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, repartió á los discípulos, y los discípulos á los que estaban recostados: asimismo de los peces, cuanto querían. 12. Y como fueron saciados, dijo á sus discípulos: Recoged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada. 13. Cogieron pues, é hinchieron doce cestas de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron á los que habían comido. 14. Aquellos hombres entonces, como vieron la señal que Jesús había hecho, decían: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. 15. Y entendiendo Jesús que habían de venir para arrebatarle, y hacerle rey, volvió á retirarse al monte, él solo. 16. Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos á la mar; 17. Y entrando en un barco, venían de la otra parte de la mar hacia Capernaum. Y era ya oscuro, y Jesús no había venido á ellos. 18. Y levantábase la mar con un gran viento que soplaba. 19. Y como hubieron navegado como veinticinco ó treinta estadios, ven á Jesús que andaba sobre la mar, y se acercaba al barco: y tuvieron miedo. 20. Mas él les dijo: Yo soy; no tengáis miedo. 21. Ellos entonces gustaron recibirle en el barco: y luego el barco llegó á la tierra donde iban. 22. El día siguiente, la gente que estaba de la otra parte de la mar, como vió que no había allí otra navecilla sino una, y que Jesús no había entrado con sus discípulos en ella, sino que sus discípulos se habían ido solos; 23. Y que otras navecillas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber el Señor dado gracias; 24. Como vió pues la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos en las navecillas, y vinieron á Capernaum buscando á Jesús. 25. Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle: Rabbí, ¿cuándo llegaste acá? 26. Respondióles Jesús, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis. 27. Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que á vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque á éste señaló el Padre, que es Dios. 28. Y dijéronle: ¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios? 29. Respondió Jesús, y díjoles: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. 30. Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras? 31. Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dió á comer. 32. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dió Moisés pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34. Y dijéronle: Señor, danos siempre este pan. 35. Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 36. Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. 37. Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no le hecho fuera. 38. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envió. 39. Y esta es la voluntad del que me envió, del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el día postrero. 40. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. 41. Murmuraban entonces de él los Judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo. 42. Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? 43. Y Jesús respondió, y díjoles: No murmuréis entre vosotros. 44. Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí. 46. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre. 47. De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 48. Yo soy el pan de vida. 49. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos. 50. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera. 51. Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. 52. Entonces los Judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos su carne á comer? 53. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. 54. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. 55. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. 57. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. 58. Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente. 59. Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum. 60. Y muchos de sus discípulos oyéndolo, dijeron: Dura es esta palabra: ¿quién la puede oir? 61. Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, díjoles: ¿Esto os escandaliza? 62. ¿Pues qué, si viereis al Hijo del hombre que sube donde estaba primero? 63. El espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espíritu, y son vida. 64. Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 65. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir á mí, si no le fuere dado del Padre. 66. Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. 67. Dijo entonces Jesús á los doce: ¿Queréis vosotros iros también? 68. Y respondióle Simón Pedro: Señor, ¿á quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna. 69. Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente. 70. Jesús le respondió: ¿No he escogido yo á vosotros doce, y uno de vosotros es diablo? 71. Y hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón, porque éste era el que le había de entregar, el cual era uno de los doce.
- Juan 6:35 35. Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
- Marcos 10:45 45. Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos.
- Romanos 8:32 32. El que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
La gratitud comienza en la mano del Señor
- La gratitud que comienza en la mano del Señor
- La importancia de vivir compartiendo
Seis días de devocionales tomados del sermón de este domingo — uno para cada día, de lunes a sábado.
Cinco preguntas del mensaje de este domingo. Toca una respuesta para verificar.
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¿Cuál fue la primera acción de Jesús después de tomar el pan en el milagro de los cinco panes y dos peces?
Jesús, después de tomar el pan, miró al cielo y ofreció una oración de agradecimiento.
Amén. La palabra de hoy se encuentra en Marcos 6:30-44. Hoy leeremos juntos el versículo 41 de Marcos 6 como nuestro texto base. Comencemos. "Él tomó los cinco panes y los dos peces, y mirando al cielo, bendijo y partió los panes y los dio a los discípulos para que los pusieran delante de la gente; y repartió también los peces entre todos." Amén. Antes de comenzar, saludemos a las personas que están a nuestro lado. "Vivamos una vida de compartir." "Vivamos una vida de compartir." "Una vez más. Vivamos una vida de compartir." Sí, amigos. Entenderán por qué les pedí que compartieran este saludo cuando escuchen la predicación. La palabra que compartimos hoy trata sobre el milagro de los cinco panes y dos peces. Es un pasaje que escuchamos a menudo y con el que estamos familiarizados. Es un mensaje que se trata frecuentemente en la iglesia y es tan importante que está registrado en los cuatro evangelios. Hoy queremos mirar este pasaje familiar desde una perspectiva un poco diferente. Solo hemos leído el versículo 41. Al enfocarnos en el versículo 41, vemos que Jesús tomó los panes, dio gracias y luego los partió y los dio a los discípulos para que los pusieran delante de la gente. Queremos reflexionar profundamente sobre el significado de esta serie de acciones. En esta escena familiar que podríamos pasar por alto, podemos examinar quién es Jesús y cuál es la gracia que nos ofrece. Oremos en el nombre del Señor para que este sea un tiempo en el que podamos experimentar el amor abundante de Jesús, quien provee todo y finalmente se da a sí mismo sin reservas.
La gratitud que comienza en las manos del Señor
Primero, comencemos con la escena en la que Jesús toma los panes y mira al cielo para dar gracias. Esta escena nos enseña que todo lo que disfrutamos proviene de Jesús. Por lo tanto, como creyentes, debemos recibir con gratitud. Todo viene de Jesús, así que debemos ser agradecidos. En el versículo 41 se registra que Jesús tomó cinco panes y dos peces. Según el evangelio de Juan, estos panes y peces pertenecían a un niño. Superficialmente, los panes y los peces que tenía el niño ahora están en las manos de Jesús. Han sido transferidos de las manos del niño a las manos de Jesús. Piénsalo por un momento. Ese niño también debió haber recibido esos panes y peces de alguien. Y la persona que preparó esos panes y la que preparó los peces también debió haber recibido los ingredientes necesarios de alguien. Ahora, pensemos en cómo un trozo de pan llegó a las manos de nuestro niño. La semilla se siembra en la tierra. Luego, cae la lluvia y brilla el sol. Eso crece y se convierte en grano. Alguien lo cosecha, lo muele en harina, lo amasa y lo hornea en pan. Lo mismo ocurre con los peces. Cuando Dios creó los cielos y la tierra, creó los mares de esta tierra. Y les dio vida. Alguien pesca, prepara y cocina esos peces, y finalmente llegan a las manos del niño. Por lo tanto, si rastreamos todo lo que llamamos "mío", nos damos cuenta de que antes de que sea nuestro, ya fue recibido de alguien más. Sin embargo, tendemos a dar por sentado este proceso en nuestra vida. Damos por sentado que llueve y que las semillas se siembran y dan fruto. Pero la Biblia nos dice que estas cosas no son algo que debamos dar por sentado. En el Salmo 104 se dice: "Él hace crecer la hierba para el ganado y las plantas para el servicio del hombre." Aquí, "Él" se refiere a Dios. Dios hace que crezca, da alimento en la tierra, y nos da vino que alegra el corazón y aceite que hace brillar el rostro, y alimento que fortalece el corazón. Todo es un regalo de Dios. Además, en el Salmo 145 se dice: "Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das su comida a su tiempo." A través de estos versículos, vemos que quien nos da alimento y todo lo que tenemos es Dios. Dios no es alguien que creó el mundo y se alejó, sino que todavía sostiene el mundo que creó. Por ejemplo, Él hace que llueva, hace crecer la comida en la tierra, y a través de procesos que no conocemos, da fruto, y a través de estos medios nos alimenta y viste. Sin la obra de Dios, no podemos tener nada. Dios todavía sostiene todas las leyes de la naturaleza que damos por sentadas. Así que vivimos recibiendo la gracia de Dios. Por eso, ¿de quién eran los panes y los peces que tenía el niño? Eran de Dios. ¿Lo reconocen? Sí, originalmente eran de Dios. Por eso David confiesa en 1 Crónicas 29:14: "¿Quién soy yo y quién es mi pueblo para que pudiéramos ofrecer voluntariamente cosas así? Porque todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos." David confiesa que hemos recibido de Dios y que damos de nuevo con un corazón agradecido. Queridos hermanos y hermanas, a menudo hacemos esta confesión a Dios en nuestras vidas. "Dios, te doy mi tiempo. Dios, te doy mis recursos. Dios, te doy mis talentos y mi vida." Oramos para que Él los reciba con agrado. Pero debemos pensar profundamente. Decimos que lo que damos es nuestro, pero antes de que sea nuestro, ¿de quién era? Era de Dios. Dios nos ha confiado gustosamente lo que es suyo. Entonces, ¿cómo debemos responder a estas cosas? Debemos ser agradecidos.
La importancia de vivir una vida de compartir
Ahora, al mirar desde esta perspectiva, el milagro de los cinco panes y dos peces puede verse de manera un poco diferente. Normalmente, nos enfocamos en el milagro de cómo cinco panes y dos peces alimentaron a 5,000 personas, en la multiplicación de los panes y peces, y en la compasión de Jesús que realizó el milagro. A menudo nos concentramos en estos aspectos. Sin embargo, al pensarlo, Dios nos alimenta también en nuestra vida cotidiana. En cierto sentido, esto es un milagro cotidiano que disfrutamos, pero que hemos llegado a considerar como algo normal. ¿Es natural que una semilla caiga en la tierra y eche raíces? Pensamos que es natural, de acuerdo con las leyes de la naturaleza. Pero, estrictamente hablando, no es algo que debamos dar por sentado. Dios debe hacer que llueva. Cuando llegué a Dallas por primera vez, la gente siempre me decía que debía experimentar el caluroso verano de Dallas. Y mi verano ya ha pasado. Así que me preguntaron: "¿Has experimentado el verano caluroso de Dallas, donde casi no llueve durante dos meses y hace más de 100 grados?" Sí, lo experimenté. Pero mira, casi no llovió durante dos meses. Cuando no llueve así, ¿no sentimos el valor de la lluvia? Cuando no llueve, ¿qué sentimos? ¿No nos damos cuenta de que no es algo que debamos dar por sentado que la lluvia caiga sobre esta tierra? Dios debe abrir los cielos para que la lluvia pueda caer sobre esta tierra. Y que los granos crezcan tampoco es algo que debamos dar por sentado. Pero Dios lo hace. Creo que todo el proceso desde el trabajo humano hasta que el pan es hecho y consumido es la gracia que Dios nos da. Incluso en los momentos en que no lo reconocemos, Dios nos alimenta y viste a través de diversos procesos en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, el desierto en el pasaje de hoy es un poco diferente. Normalmente, el suministro que toma tiempo y muchos procesos se realiza instantáneamente en las manos de Jesús. Este es el punto importante. Vemos el milagro de alimentar a 5,000 personas, pero desde la perspectiva de Dios, lo que se realizó instantáneamente a través de las manos de Jesús es lo que Él siempre ha hecho a lo largo del tiempo. Jesús está realizando lo que siempre ha hecho para alimentar a su pueblo con sus propias manos. Por lo tanto, al ver este milagro, no debemos simplemente preguntar cómo se multiplicaron los panes. No es importante cómo esos panes alimentaron a tantas personas. Lo más importante es quién está proveyendo esos panes ahora. ¿Quién tomó el pan de las manos del niño y alimentó a tantas personas? Ese es Jesús. Por lo tanto, este milagro muestra que Jesús, como creador y soberano, provee lo que su pueblo necesita y usa lo que ha creado de acuerdo con su voluntad. Él no solo da el pan. El Jesús que da el pan es el creador de los cielos y la tierra. Y hoy, Él sigue siendo el soberano que gobierna los cielos y la tierra. Él nos está mostrando esa verdad. Por eso se registra que Jesús tomó el pan. Él tomó el pan. En el Antiguo Testamento, se expresa que "Él tomó." Lo primero que debemos considerar en este versículo es la soberanía de Jesús antes de la dedicación del niño. Él tomó lo que el Señor le dio para cumplir su voluntad y lo tomó en sus manos, y luego lo dio abundantemente de nuevo. Sin embargo, al mirar el pasaje, vemos que Jesús no parte el pan inmediatamente después de tomarlo en sus manos. ¿Qué hace? Sí, leamos juntos. "Él tomó los cinco panes y los dos peces, y mirando al cielo, dio gracias." Se registra que miró al cielo y dio gracias. Aquí hay un punto que debemos notar. En nuestra Biblia en coreano, en los cuatro evangelios se expresa "dio gracias" o "bendijo." Aunque se traduce como "bendecir" o "dar gracias," en el idioma original, el evangelio de Juan lo registra de manera un poco diferente. En el evangelio de Marcos que estamos leyendo, se utiliza la palabra "bendijo." Él lo bendijo. Al usar esa palabra, el evangelio de Juan dice que "dio gracias," mientras que en inglés dice "gave thanks," pero en el idioma original se usa una palabra que se refiere específicamente al acto de "dar gracias" mirando al cielo. El acto de bendición que Jesús realizó al sostener el pan tiene un profundo significado de alabanza y gratitud hacia Dios, quien dio el pan. Ahora, esto se conecta naturalmente con lo que hemos examinado anteriormente. Para aquellos que creen y siguen a Dios, todo proviene de Él, y deben recibir lo que han recibido con gratitud y no darlo por sentado. Jesús, al mirar el pan en sus manos, dio gracias a Dios, quien se lo había dado. Sin embargo, en el desierto, Jesús sostiene lo que Dios le ha dado y da gracias. Al ver esta escena, naturalmente podemos recordar otro desierto en el Antiguo Testamento. Eso es Éxodo 16. En Éxodo 16, el pueblo de Israel sale de Egipto por la gracia de Dios. Y entran en el desierto. Pero cuando llegaron al desierto, no había nada para comer. Así que cuando comenzaron a tener hambre, el pueblo comenzó a quejarse contra Moisés y Aarón. A pesar de que Dios los había liberado de la esclavitud, no pudieron esperar y se quejaron de que no había comida. ¿Cómo se quejaron? El pueblo de Israel dijo: "¡Ojalá hubiéramos muerto por mano del Señor en Egipto! Allí nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos; porque nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud." Un momento, ¿en qué estado estaban en Egipto? ¿No eran esclavos? ¿Qué tipo de comida deliciosa podría comer un esclavo? ¿Podría un esclavo comer pan o carne hasta saciarse? Los humanos parecen ser seres que olvidan fácilmente. Olvidan el pasado y se concentran en las dificultades del presente, lo que genera quejas y resentimientos. El pueblo de Israel olvidó la reciente gracia de la salvación de Dios y derramó quejas y descontento. Sin embargo, a pesar de eso, Dios no los abandonó y les envió maná del cielo. En medio de ese desierto desolado, Dios les envió maná cada día para alimentarlos. Al pensarlo, ¿no es un evento asombroso? Hasta el día anterior, no había nada en ese desierto desolado, pero al amanecer, esa tierra desolada estaba cubierta de maná abundante. No fue solo por un día ni por dos. Dios los alimentó durante 40 años mientras pasaban por el desierto. El milagro de Dios se convirtió en su vida cotidiana. Pero vemos cuán volátil es el corazón humano. Con el tiempo, sus corazones comenzaron a cambiar. Al principio, era un agradecido suministro que los alimentaba en el desierto desolado, pero al ver que el maná caía todos los días, el milagro dejó de ser sorprendente para ellos. En Números 11, se quejan diciendo: "Ya no tenemos apetito; no vemos nada sino este maná." ¿Cuál es su actitud? ¿Qué piensas de la queja de aquellos que presenciaron el milagro de Dios al enviar maná? Se acostumbraron a la gracia que les daba vida y, en algún momento, eso se convirtió en un objeto de queja. Los humanos parecen ser realmente extraños. Cuando no tenemos algo, oramos: "Dios, por favor, dame eso." "Si solo me das eso, estaré agradecido." "No pediré nada más." Pero cuando realmente lo reciben, lo dan por sentado y dicen: "Dios, esto no es suficiente." "Dame otra cosa." No hay gratitud por lo que se les ha dado. Antes de conseguir un trabajo, ¿cómo es? Oramos: "Dios, si me das un trabajo, realmente serviré con todo mi corazón." Pero después de conseguir el trabajo, ¿qué sucede? Al levantarse por la mañana, dicen: "Dios, esto es demasiado difícil." "¿Por qué me diste un trabajo tan difícil?" "¿Por qué es tan difícil nuestra empresa?" Quejarse es la naturaleza de nuestro corazón. Antes de casarse, ¿no oramos por un buen cónyuge? Esperaba escuchar un "Amén" desde el segundo piso, pero nadie dijo "Amén." Bueno, de todos modos, oramos por un buen cónyuge antes de casarnos, pero después de casarnos, ¿qué sucede? ¿Cómo es? Actualmente estamos operando una escuela de matrimonios, y ustedes están aprendiendo y conociéndose, pero después de casarse, ¿qué pasa? >> ¿Es bueno? >> Sí. Aquí me detendré. Nosotros —ustedes y yo, no, la humanidad— como humanos que viven en pecado, tenemos la mala costumbre de dar por sentado la gracia de Dios o de dejarla pasar rápidamente. Pero en el otro desierto, la imagen de nuestro Jesús es completamente diferente. Él sostiene el pan en sus manos y mira al Dios del cielo para dar gracias. Él recibe lo que el Padre le ha dado, confía en el Padre y usa eso para cumplir la voluntad de Dios. Comienza con gratitud. Por lo tanto, la oración de bendición de Jesús no es solo una expresión de agradecimiento, sino que incluye una profunda confianza, dependencia y obediencia hacia Dios el Padre. En una situación de escasez, Jesús recibe con gratitud lo que el Padre le ha dado, espera y confía en que el Padre proveerá, y obedece la voluntad de Dios. Queridos hermanos y hermanas, ¿cuántas veces damos por sentado la gracia de Dios mientras vivimos en esta tierra? ¿Es natural abrir los ojos hoy? ¿Es natural tener comida? ¿Solo lo reconocemos cuando no la tenemos? Cuando no hay comida, ¿no decimos: "Ah, en ese momento fue la gracia de Dios"? ¿Es natural tener a la familia amada a nuestro lado? No. Aunque la persona a nuestro lado nos cause dificultades, el hecho de que estén a nuestro lado no es algo que debamos dar por sentado. Poder trabajar, poder adorar y estar aquí—en cierto sentido, nada de esto es natural desde el principio. Creo que todo lo que tengo proviene de Dios. Creo que todo es gracia de Dios. >> Amén. >> Cuando sabemos que todo lo que tenemos proviene de nuestro Señor en quien creemos y lo recibimos con gratitud, la gracia comienza a gobernar nuestras vidas. Oremos en el nombre del Señor para que siempre estemos agradecidos por la gracia del Señor y vivamos bajo su gobierno. >> Amén.
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